¿Vamos a ganar o vamos a perder?

9 de marzo de 2020

En la entrega anterior, señalaba un fenómeno que no sólo es observable para todos los sinaloenses, además puede ser visto desde cualquier lugar, bajo cualquier perspectiva, etc. Y no hay lugar a equivocaciones en cuanto a su naturaleza, sobre todo respecto a sus consecuencias para todos nosotros.

La clase política estatal, ya anda a todo lo que da atendiendo lo suyo: las candidaturas para la elección del año entrante, donde elegiremos gobernador, alcaldes y congreso local. Valoraciones sobre los posibles candidatos van y vienen, sin que nadie se acuerde de meter a la plática el asunto de los problemas que tenemos en Sinaloa, lo cual debe llevarnos a entender que no les interesa. ¿El motivo? Muy simple: no nos interesa a nosotros, qué más podemos esperar.

Por supuesto que en seguridad, sin duda, tenemos una situación que ya sobrepasa la categoría de grave, lo cual no debe extrañarnos, pues si nos remitimos a lo que han sido los últimos cincuenta años a ese respecto, encontraremos que las autoridades no han hecho nada –o al menos nada nuevo-, mientras la ciudadanía ha contribuido volteando para otro lado. La pregunta aquí y ahora es ¿A quién le beneficia y a quién le perjudica todo esto? ¿Quiénes se han beneficiado al obtener utilidades y quiénes se han perjudicado al enfrentar pérdidas? Hago la pregunta de dos formas, porque si ustedes no tienen ya la respuesta entonces no tiene caso seguir con esto… por lo tanto… al grano.

De acuerdo en que aquí tenemos una hidra de mil cabezas, todas grandototas, lo cual asusta y que bueno, malo fuera que no; lo primero que debemos hacer, es abandonar esa maldita costumbre de que todo debe arreglarse en un santiamén, sin que implique grandes complicaciones ni esfuerzos, porque así no se ha resuelto nunca nada, ni aquí ni en China. No se trata de que en 48 horas detengan a todos los capos, encierren a todos los ladrones, asesinos, extorsionadores, etc. Tampoco se trata de exigir que los cuerpos policiacos sean integrados por elementos dispuestos a ofrendar su vida, en aras de entregar una multa por una falta administrativa; de lo que se trata es que el gobernador y los alcaldes, dentro del marco de sus posibilidades, den muestras claras de que su prioridad es cuidar bien a la ciudadanía, no la “relación” con el presidente o con equis. Como ciudadanos, debemos reclamar la forma como se nos ha tratado durante décadas, es decir, debemos abandonar esa docilidad con la que hemos aceptado el ingrato papel de parte más delgada del hilo, donde siempre quedamos como únicos perjudicados.

Si agentes policiacos se hacen de la vista gorda frente a un convoy de gentes armadas, puede ser tolerable bajo la premisa de la prudencia, la correlación de fuerzas, los niveles de ingresos, etc. Pero que eso ocurra en mis narices, justo cuando me tienen atorado revisando mi carcacha, mientras me dicen que a aquellos no pero a mí sí, porque a mí si pueden hacerme lo que se les venga en gana…

Más de una vez he insistido, sobre dos medidas que sólo reclaman ganas porque no demandan modificaciones legales, cambios en la relación federal, esfuerzo financiero, etc. La primera es anunciar de manera pública, la prohibición para instalar retenes por parte de autoridades estatales o municipales; que la federación lo haga si quiere, con los puros nuestros tenemos, por ahora, para mejorar sustancialmente. La segunda, es aplicar el mismo procedimiento para que todo servidor público, esté obligado a permitir a la ciudadanía el registro documental de su actividad. Lo diré más claro: que con el celular podamos grabarlos mientras hacen su chamba. Se redondearía con un espacio en redes sociales, donde el ciudadano subiría su grabación y así, de manera pública, se daría seguimiento a cada caso.

Nada más con esto, puedo asegurar que los niveles de impunidad se reducirían en magnitud nada despreciable, o al menos lo suficiente para escalar al siguiente nivel, el de las percepciones y prestaciones, para quienes cumplen con la delicada tarea de arriesgar su vida para defender la nuestra.

Puede no ser la gran idea, también pudiera que sí, pero quienes tengan otras harían bien en darlas a conocer; ahí están las redes, vamos aprovechándolas para algo más que quejarnos, vamos entrándole a nuestra obligación cívica, que a estas alturas ya se volvió un asunto de sobrevivencia.


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