¿Se vale difamar en aras de la Libertad de Expresión?

5 de noviembre de 2019

Desde hace muchos años, los medios de comunicación han enfrentado cotidianamente la censura oficial o simple y sencillamente se han autocensurados por conveniencia propia, sin embargo, para muchos de estos trabajadores el ir en busca de la nota informativa llevando consigo la objetividad y veracidad, convirtiéndose está, en una oportunidad diaria para ejercer el incólume derecho a la Libertad de Expresión, y muchas veces a riesgo de su propia vida, como ha sucedido.

En 1949 dentro de la declaración universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19, se estableció que toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; obvio, que este derecho incluye no solo a los periodistas y sus medios de comunicación, sino a toda la sociedad, sin embargo, en este mismo artículo, se afirma que el ejercicio de este derecho conlleva “deberes y responsabilidades especiales” y que “por lo tanto, está sujeto a ciertas restricciones” cuando sea necesario “para respetar los derechos y la reputación de otros”.

La misma Libertad de Expresión, puede en un momento dado no ser reconocida como absoluta, y las limitaciones a la libertad de expresión, se relacionan con difamación, calumnia, obscenidad, pornografía, sedición, incitación, etcétera y si  nos vamos más allá, todavía hay ciertas restricciones al uso de la Libertad de Expresión cuando se atenta contra el derecho a la privacidad, la seguridad pública o el perjurio y como decía John Stuart cuando escribe “el único propósito para que el poder pueda ejercerse legítimamente sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, en contra de su voluntad, es evitar daños a otros”.

Sin embargo, hoy día, esa libertad de expresión se ha convertido muchas de las veces en un “libertinaje de expresión” donde lo menos que cabe, es el respeto a las personas ni a sus familias ni a nada, en este libertinaje, se ha difamado, denigrado, deshonrado, ultrajado, insultado u ofendido entre otras cosas impunemente, llevando hasta el extremo sus denigrantes y parciales notas “informativas”.

Yo pregunto, ¿Tenemos el derecho de atentar contra cualquier individuo y sus familias en aras de lo que consideramos “libertad de expresión”? ¿Cuántas veces hemos leído o escuchado a “periodistas” que se escudan en un micrófono o en una pluma para atentar contra el pudor de un individuo y de sus familias?

Hemos sido testigos como algunos que se dicen “periodista” difaman, señalan y calumnian a personajes sin ningún pudor, sin sonrojase siquiera, esperando que la víctima de sus misiles perversos aguante vara y reciba golpe tras golpe, sin siquiera meter las manos.

Quiere decir que si una acusación que se hace con dolo, sin ningún fundamento, goza de veracidad y objetividad por el solo hecho de que se denunció a través de una pluma o detrás de un micrófono, yo creo que no, es justo, es legal y es un derecho del agraviado de usar no los medios de comunicación para contestar, sino, buscar el amparo de la Ley y la justicia.

Es una verdad inalienable de qué, quién acuse, está obligado a demostrar la verdad de sus dichos ante la Ley, y esto, jamás se podría catalogar como “censura” hacia la Libertad de Expresión y que, cuando se ejerce con profesionalismo, veracidad y objetividad tiene todo el amparo y cobijo que la Ley otorga.

Así de sencillo, así de simple; los medios tienen un compromiso importante con la sociedad y cuando se acusa perversamente aún a costa de dañar a familias, se tienen que sustentar con pruebas, y no esconderse atrás de un micrófono o pluma, y cuando la justicia llega, el victimario busca cualquier posibilidad para convertirse en víctima    

Print Friendly, PDF & Email

Continuar leyendo

Estás escuchando:

Background