Las Fake News

15 de octubre de 2019

No sé si han notado una constante con respecto al fenómeno de las fake news: se les señala a las redes sociales como responsables y las principales preocupaciones, la mayoría de las quejas, etc. son de índole política y vienen de actores de ese giro negro, o de los medios de comunicación convencionales.

Me chocan los discursos maniqueos, pero cuando dan en el clavo no tengo empacho en reconocerlo y como bien lo señalan los antineoliberales, las notas falsas sí han aumentado exponencialmente -a la par que la interconexión digital- pero sin aparecer como parte de la agenda pública, hasta que el capitalismo salvaje inició su cosecha de derrotas en Europa, Latinoamérica, etc.

El surgimiento de las redes sociales, no sólo vino a romper el monopolio ejercido sobre la información por el estado -a través del control sobre los medios de comunicación-, también trajo la necesidad de redefinir numerosos conceptos y elementos ante la inesperada obsolescencia de, prácticamente, todas las formulas establecidas para mediatizar a la opinión pública mediante la tergiversación o el engaño a secas. La globalización informativa permite a quien lo desee, acceder directamente a los hechos a través de sus testigos y de sus protagonistas, inclusive en tiempo real, evidenciando en más de un caso que el verdadero problema no está en las noticias falsas, es decir en las mentiras flagrantes, sino en el sesgo de las verdaderas: la nota inicial de conocido noticiero televisivo, el 2 de octubre de 1968, describió esa jornada con la expresión “hoy fue un día nublado”.

Decía de Maistre, uno de los teóricos más lúcidos del viejo régimen monárquico, que hablar de ‘legitimidad’ era, en sí mismo, reconocer la derrota, pues entrar en esa conversación implicaba negar que la voluntad divina constituyese la única fuente posible del poder político. Misma fuente, por cierto, que por provenir de Dios y ser la única posible, no requería justificación alguna. Aquí en México, nada más cambie usted Dios por Mercado y entenderá porque a las élites se les atrofió el olfato y la visión, no huelen ni ven la nueva realidad  y se niegan a aceptar que su tiempo de vacas gordas se acabó, no quieren ni oír hablar de una realidad que se resiste a plegarse a sus mandatos, respondiendo con su preocupación por las notas falsas -como si fueran una novedad- ante el fracaso de sus esfuerzos, que cada vez son más evidentes como expresiones de una necedad por seguir disponiendo de los imperios mediáticos de antes, como si aún fueran la única fuente autorizada de credibilidad; En verdad les ha pasado de noche la historia reciente de televisa, por mencionar el caso más conspicuo, pero para donde voltean encuentran el mismo panorama en los periódicos, la radio comercial, la televisoras, las revistas… mientras experiencias como las de Brozo y Aristegui se multiplican, demostrando que ya es real lo que no hace mucho era inconcebible: sí hay vida fuera de los medios de comunicación convencionales. Con mucha competencia, claro, ahí la lucha es feroz y no se puede recurrir a concesiones y compadrazgos, ni se pueden crear percepciones con spots o con encuestas donde miden una clase muy especial de aprobación que no tiene ninguna significación; la histeria contra las noticias falsas sólo evidencia la desesperación de una élite parásita, incapaz de reinventarse a sí misma, por estar acostumbrada a llevar una existencia de artificio donde todo se reduce a obtener el beneplácito del mandamás, que para atarantar votantes en tiempo de elecciones está el dinero… de los votantes.

Siguen convencidos de que eso sigue siendo cierto.

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