¿A quién ponemos?

17 de septiembre de 2019

Como suelo hacerlo con frecuencia, inicio esta entrega con un recurso de la memoria: muy pocos en México y muchísimos aquí en Sinaloa, se olvidaron que las primeras marchas por la paz en este país fueron aquí, en Culiacán, durante los primeros años del sexenio de FLO como gobernador; la idea se fue extendiendo hasta lograr alcances nacionales, por lo que podemos redondear diciendo que en nuestro país, tenemos treinta años marchando a favor de la paz y en contra de la violencia. Por fortuna la idea quedó registrada como marca y dado el fenomenal éxito obtenido al día de hoy, la SHCP espera que las regalías a pagar por los países que ocupan usarla, aportarán ingresos similares a cuando el petróleo alcanzó precios record.

Sí, estoy siendo mordaz.

Como era de esperar, la tragedia de la inundación está desembocando en lo mismo que la tragedia de inseguridad, es decir en acciones que nada tienen que ver con la solución al problema que afecta a casi un millón de culichis, como lo es exigir la renuncia del alcalde; sin descartar para nada que el primer edil sea parte del problema, tampoco es la causa principal, por lo que quienes proponen a la irritación social su renuncia como punto único frente a lo ocurrido, debemos exigirles aclaren quién quedaría en su lugar, porque aquí de lo que se trata es de evitar sigan ocurriendo hechos fatales cada que llueve con intensidad, tal y como viene ocurriendo desde hace varios años. No es por presumir –dijera el clásico-, pero el año pasado, ante la tragedia del 19 de septiembre, que tuviera mucho mayores consecuencias que cualquier otra reciente, tuve la fortuna de ayudar a especialistas como Juan Espinosa Luna, Manuel de Jesús Ortiz, etc. para difundir al público el desmantelamiento que había sufrido la red meteorológica estatal, acabando con un periodo de diez años, donde tuvimos pronósticos acertados y seguimientos en tiempo real precisos y oportunos; hoy no podemos saber si este día lloverá y de ser así qué tanto y en dónde, tres datos que al menos estos dos últimos años, han sido determinantes pues el comportamiento y la magnitud atípicas de las tormentas que nos han golpeado si ameritaban alertas: a todos nos agarraron desprevenidos y cómo no, si en 8 días Culiacán se inundó 6 veces.

No puede ser que no estemos previniendo uno de los pocos fenómenos naturales que ya se puede predecir con una efectividad casi del 100%. La gente no debe andar en la calle durante fenómenos así, se les debe alertar y se les debe exigir cumplan las recomendaciones, con mayor razón en una ciudad como Culiacán, donde son obligadas las “bocas de tormenta” donde quiera que haya una alcantarilla, para medio enfrentar el problema de la basura que las obstruye y provoca inundaciones mayores.

No, no estoy pasando por alto que no fue el caso esta vez, por el contrario, efectivamente se trató de una de las “trampas” menos comunes, lo cual es más fruto de la mala suerte del ayuntamiento que de su negligencia, porque la reacción de la ciudadanía en redes, con una campaña para registrar alcantarillas abiertas, sirvió para evidenciar una ciudad sembrada de ellas y que se dejan así de manera intencional, pues en caso contrario la basura las obstruiría y bien podemos imaginar hasta donde pueden llegar las inundaciones sin ese recurso.

Por supuesto, resulta seductor echarle toda la culpa al alcalde y con ello evadir de nuevo nuestras responsabilidades ciudadanas, mientras Espinosa Luna se desgañita suplicando por limosnas que le permitirían ampliar su banda de frecuencias para darnos mejores pronósticos, a la vez que casi llora por la ausencia de radares Doppler para un seguimiento en tiempo real y contar así con un sistema de alerta temprana; es el mismo escenario del año pasado y otra vez no le está haciendo caso nadie, de hecho esta vez es peor la indiferencia general, porque todo mundo anda emocionado con hacer marchas para correr a
Ferreiro.

Total, así como hemos sido lo suficientemente caraduras para decir “nos equivocamos al votar todo mismo color”, el próximo verano diremos “no sirvió de nada correr al “simpatías”.

Lo que importa es nuestra intención.

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