Nos guste o no

25 de marzo de 2019

Me llega un video donde se muestra el enfrentamiento entre guerrilleros de ISIS y fuerzas estadounidenses; se trata de un dron que desde las alturas ubica a los musulmanes, los pone en la mira y gira instrucciones a un arma de alto poder en tierra para, uno a uno, liquidarlos con certeros impactos, la mayoría en la cabeza.

Un segundo video, muestra la represión a ciudadanos árabes por parte de fuerzas militares judías que, provistas con tanques y armamento de última generación, hacen lo que quieren frente a un enemigo que trata de responderles con piedras.

Lo de menos es mostrar indignación y coraje frente a la disparidad con que se enfrentan los contendientes; en un primer momento, es obligada la condena a semejantes hechos.

En un primer momento.

Más que una lucha entre dos civilizaciones, me parece se trata de una lucha entre dos épocas, entre las tradiciones y entre la modernidad. Por un lado, naciones que optaron por regímenes teocráticos, donde la construcción de templos está por encima de la construcción de universidades; son pueblos que sostienen una escala de valores donde la oración es más apreciada que el conocimiento, donde la mujer tiene menos valor que un esclavo y los homosexuales son lapidados. Frente a ellos, países que han logrado su madurez democrática y que no rehúyen a la pluralidad y a la tolerancia, con gobiernos seculares y centros del saber que a nivel mundial son referentes de avance y de progreso.

Por supuesto lo planteo de forma muy esquemática y hasta maniquea, si ustedes quieren, porque mi pretensión es hacer notar que todavía hoy, nuestro mundo es un lugar injusto y cruel, donde prevalece el más fuerte a expensas del más débil. No me gusta que así sea, pero menos me gusta ser el pez chico. Tampoco creo en eso de los «gobiernos amigos», que nos podrían «ayudar» a emanciparnos de los «gobiernos enemigos» -que antes eran nuestros cuates-; con dinero se pueden adquirir los frutos de la tecnología pero no el conocimiento que la crea, como lo pudo comprobar Saddam Hussein, quien tuvo uno de los 5 ejércitos más poderosos de aquel momento… dotado de equipo mediante compras a los países que después lo invadieron. En este mundo nadie da nada así nomás, de gratis, por lo que si pretendemos hacer de México un país independiente y avanzado, más nos vale nos pongamos a trabajar y a estudiar en serio, sin simulaciones y sin autocomplacencia; no se trata de un «problema de educación», sino de sobrevivencia: si no nos exigimos a nosotros mismos, cumplir con las tareas que nos lleven a lograr nuestras aspiraciones, que no nos sorprendan entonces nuestros retrocesos.

No en balde los drones apuntan a la cabeza. Esos no se andan con cuentos.

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