Metrobús culichi

6 de febrero de 2019

Suelo ser escéptico, sobre todo cuando se trata de los temas urbanos para Culiacán pero, muy especialmente, cuanto se relacione con el transporte público.

A mí me tocó cuando la ciudad no tenía 10 rutas ni de chiste, y la madre de todas ellas era la Circunvalación -circunnavegación, le decían-, que recorría todo el borde externo de la metrópoli: Buelna hasta girar en la Bravo y por ahí llegar al Zapata, para de nuevo torcer a la izquierda y derecho hasta vuelta en Carranza para cerrar en su unión con Buelna.

Por supuesto había taxis, pero no ruleteaban, eran como Uber de petatiux y si ocupabas servicio, llamabas por teléfono para que fueran por ti desde alguno de los “sitios” -aledaños a los lugares de mayor movimiento- donde estuvieran acuartelados; el mismo sistema operaba para las “arañas”, tiradas por caballo y que para los niños de esa época, pasear en una era mejor que ir a Disneylandia; mi hermana mayor y yo, gozamos la bendición de una abuela que siempre las tuvo como primera y única opción de trasporte: fácil nos echábamos dos viajes por semana.

Pior que ricos.

En menos de 10 años, el crecimiento de la ciudad superó cualquier capacidad de respuesta y el árbol se torció; el primer fenómeno que recuerdo fue la aparición de los “minibuses”, un nuevo servicio de combis VW que cobraban más caro que los camiones: un peso. El exorbitante costo lo justificaron con el argumento de la poca capacidad de las combis, el público no tuvo ningún inconveniente y pasó lo que tenía que pasar: a la vuelta de un tiempo breve, las combis fueron sustituidas por camiones grandes, las nuevas rutas se mantuvieron y en lugar de bajar el precio del boleto, el de los camiones se emparejó. ¡Doblada! Dijera el nuevo clásico.

Y así desde entonces.

Luego vino lo de Red Plus, que hasta la fecha sigo sin entender en que consistió y de ahí no he pasado, porque me volví fifí, al igual que miles, por la vía de un auto chocolate. Desde entonces no me rebajo.

A fines del mes pasado, hará cosa de dos semanas, Estrada Ferreiro anunció como un hecho la llegada a Culiacán del servicio de Metrobus, lo cual considero debe ser objeto de nuestra atención, pues de resultar cierto significará un cambio importante para nuestra ciudad y tendrá implicaciones para todos los sinaloenses; con toda seguridad habrá voces a favor y voces en contra; con toda seguridad, desde diversos frentes, habrá presiones para la autoridad municipal, ante lo cual ojalá y el alcalde y los ciudadanos sepamos estar a la altura de las circunstancias; yo empezaría por reconocerle a Estrada Ferreiro su voluntad para cumplir una promesa de campaña que, de cumplirse por lo menos de manera aceptable, puede significar un importante avance en el tema de la movilidad; nos toca a nosotros sumarnos para apoyarlo porque es para nuestro beneficio, y además para estar vigilantes y evitar “adecuaciones” de la idea original, que sólo son distorsiones fruto de presiones de grupos de interés, cuyas consecuencias siempre van en contra de la ciudadanía, como ocurre todavía hoy que seguimos pagando los parches que le hicieron al supuesto par vial.

Ojalá y las facultades de Arquitectura y de Ingeniería Civil de la UAS, tengan la iniciativa de darle un seguimiento técnico al proyecto y hagan públicas sus valoraciones de cuanto vaya ocurriendo, a manera de contribuir con información de calidad para un público que la requiere, frente a argumentos que, en estos casos, por lo general se hacen con el sesgo dictado por los intereses económicos de quienes se sienten afectados o beneficiados.


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