Perdimos

27 de noviembre de 2018

La iniciativa privada mexicana -o lo que queda de ella-, se va a volcar hacia López Obrador si este cumple su promesa económica básica: fortalecer el mercado interno. Exhausta por ser obligada a competir en condiciones desventajosas, es quizá el sector con mayor experiencia en lo que se refiere a una globalización que se insiste en plantear como inevitable pero, que en el fondo, se trata de que nos pongan en la piedra donde extraen los corazones que se ofrendan al salvaje capitalismo de compadres que se impuso en todo el mundo.

A decir verdad, la globalización -así como la mayoría la concibe- no existe todavía, existe la interconexión -de acuerdo- pero nada más. Se los voy a decir de forma que todos me entiendan: TLC. ¿Qué mejor ejemplo? Tenemos superávit comercial porque hay libre tránsito de todo: mercancías, armas, servicios, drogas, divisas, lo que sea… excepto personas. El TLC inició el día primero de enero de 1994, por lo que en poco más de un mes cumplirá 24 años, manteniendo entre sus tres objetivos principales lograr el libre tránsito generalizado entre los países miembros, así como reducir al mínimo las asimetrías entre ellos, en particular las salariales. 24 años después, les pregunto ¿No sienten como que nos estafaron?

Y falta lo peor.

En el texto general del TLC, no hay que leer mucho para detectar su sentido discursivo, porque de hecho aparece de manera literal cada rato: el comercio entre las naciones favorece las buenas relaciones entre sus pueblos. Y sí, todos sabemos que así es ¿O no? Nos hemos hermanado tanto con nuestros vecinos gracias a estos últimos 24 años, que el actual Presidente triunfó gracias a una campaña de odio dirigida hacia nosotros. No hacia los “latinos”, como algunos afirman para tranquilizarnos. Les recuerdo que la botarga del villano fue un “latino” con sombrero muuuy grande de palma, huaraches, pelo lamido de vaca, cachorón de manta, cinto tricolor y cantaba ¡Guardalajarra, Guardalajarra!

Por decirlo en términos chairos: después de que las dimos casi gratis, nos dejaron colgados con el pago del hotel.

A nuestros neoliberales de petatiux, se les pasó leer un poco de historia económico militar: casi todas las guerras han sido consecuencia de discrepancias económicas, por cierto precedidas por guerras comerciales; en segundo lugar, los motivos religiosos -que a veces ocultan intereses comerciales- y por último las territoriales -que también con harta frecuencia son de índole económica-: el comercio siempre ha sido la continuación de la guerra por otros medios.

La guerra comercial de treinta años, conocida como TLC, la perdimos. Y vamos por más.


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