Protección Civil Suiza

24 de septiembre de 2018

Tengo una amiga chilanga que hace pocos años se vino a vivir a Culiacán, desde que la conocí me llamaron la atención ciertos hábitos suyos, que sólo se entienden cuando uno se entera de dónde es ella: a cualquier lugar que va por primera vez, llega buscando las rutas de escape, su identificación la trae en una especie de escapulario que no se lo quita nunca, su celular siempre lo conecta antes de que la carga baje a la mitad, etc. Ella es, pues, ciudadana de una región sísmica y por eso se comporta así, mientras que en Sinaloa, donde la principal amenaza natural son las altas temperaturas y los ciclones, la mayoría de sus habitantes no saben distinguir la diferencia entre temperatura, humedad y sensación de calor, ya no digamos sobre temas un poco más complejos, como la diferencia entre información y pronóstico tratándose de meteorología.

Tratándose de fenómenos meteorológicos, un pronóstico sólo señala una probabilidad (lo que pudiera ocurrir en un tiempo aproximado), el cual es el punto de partida para, de ser necesario, darle un seguimiento en tiempo real (qué está pasando en el momento). Durante algunos años, tuvimos un buen manejo de ambas variables gracias a que en el Centro de Ciencias de Sinaloa, el Ing. Juan Espinoza Luna estableció una red estatal para el monitoreo en tiempo real, de diferentes fenómenos naturales como ciclones, sismos, etc. pero llegó MALOVA y consideró que el costo de operar dicha red (cien mil pesos mensuales) era demasiado alto y la canceló además de que, ya entrados, despidieron al especialista quien, por cierto, sigue haciendo su trabajo para organismos internacionales que sí tienen interés en saber todo lo referente al Mar de Cortez. Antes de que se me olvide, quiero agradecerle su generosidad por compartir los frutos de ese esfuerzo a través de su Facebook personal, disponible para quien desee contar con información confiable: el miércoles a las 21:30, el Ing. Juan Espinoza Luna señaló la probabilidad de que ocurriera lo que finalmente pasó, sustentándolo con imágenes satelitales en infrarrojo, sus explicaciones y comentarios, etc. Lo importante es que a partir del sexenio de MALOVA, la calidad de la meteorología en Sinaloa se volvió pésima y con tendencia a empeorar, como bien hemos podido apreciarlo los sinaloenses a través de las “falsas alarmas”, donde se han suspendido clases frente a la amenaza de temporales que no han resultado ni siquiera en lloviznas, siendo este año cuando más notoria se volvió la falla por la frecuencia con que se ha presentado. Por si aún no lo tienen del todo claro, la raíz del problema es que las autoridades sinaloenses están tomando decisiones basadas sólo en los pronósticos de la CONAGUA, los cuales son hechos en la CDMX con intervalos de varias horas entre uno y otro. No debemos olvidar cómo ha reaccionado la población de la CDMX, cuando se han dado alertas sísmicas falsas debido a fallas en el sistema de alerta temprana, mientras que aquí nadie les dio importancia a esas manifestaciones de que nuestros sistemas de alertas no estaban funcionando, porque como no hubo tragedias la respuesta fue la que suelen dar los culichis a todo: como a mí no me afectó, así que siga; y de ahí se pasó a señalar al gobierno como una entidad buena para nada, la cual nunca hace nada bien y, después de haberlo dicho, cada quien siguió adelante con su vida, manteniendo la firme convicción de que a la hora buena, ese mismo gobierno funcionaría como mecanismo de relojería.

No pongo en tela de juicio ni festino el sufrimiento de los afectados, tampoco exonero a la autoridad en su falla de esta vez, de la misma forma que lo hice con cada falsa alarma, sólo señalo las contradicciones en nuestras conductas, como ahora, que nuestros reclamos a la autoridad son porque hace lo mismo que hacemos nosotros, como si a los funcionarios los importáramos de Suiza.


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