El iceberg

27 de agosto de 2018

Existe la leyenda popular, donde para su botadura al Titanic le pusieron una manta que decía “ni Dios lo hunde”, historia que es falsa pero se mantiene gracias a que convierte al buque en la versión actualizada de la narración bíblica de la Torre de Babel: El barco más grande y avanzado de ese momento, la más alta expresión del avance tecnológico humano, fue mandada a pique por un trozo de hielo. La verdad es que la frase se publicó en un artículo cuyo autor era apasionado fanático del progreso, pero la moraleja es buena: la liebre siempre salta por dónde menos se espera.

Si nos atenemos a la ruta seguida por los últimos cuatro presidentes electos en México, pudiera ser estemos viendo el inicio de quien pudiera ser el quinto… o quinta: todos ellos iniciaron su narrativa por lo menos dos años antes de las campañas oficiales, todos ellos en contra del gobierno establecido, todos ellos ganaron, todos sus contrincantes optaron por jugar con “el librito” y perdieron.

En este mismo espacio, señalé que el nombramiento de Bartlett en CFE significaría una importante pérdida de consenso para MORENA, entre los segmentos más reticentes a darle su apoyo, lo cual por cierto era de esperarse aunque nunca pensé ocurriría tan rápido; todos los costos –así como las utilidades-, por cierto, habrá que cargarlos a la actual estrategia de adelantar el sexenio cinco meses. Así como al PRI sigue sin caerle el veinte de que perdió, en MORENA se les olvidó para qué querían ganar, de ahí que hoy los veamos ofreciéndonos como remedio, los mismos venenos que nos vendieron para que votáramos a su favor.

De todo el morenismo, sólo Tatiana Clouthier se mantuvo en la raíz del discurso original -en más de un sentido- y se deslindó de López Obrador: al no sumarse a defender lo indefendible, como lo fue el nombramiento de Bartlett, pintó su raya e inició la construcción de una narrativa propia que corría paralela a la del líder morenista o, lo que es lo mismo, juntos pero no revueltos. Tatiana es quien mejor ha pivoteado ante las evidentes contradicciones del morenismo y no me extraña, es de los elementos menos doctrinarios de esa corriente por proceder de una matriz distinta, además de haberse formado en Nuevo León, el Estado más moderno del país y quizá el menos permeado por la idiosincrasia del México profundo, algo característico del norte por su historia de modernidad y cercanía con el temperamento sajón del vecino; ella es la única que separó su narrativa de la del resto, está cuidando un patrimonio político que supo hacer crecer con la campaña, mientras los demás se han ido desdibujando o, peor aún, dando color pero a lo gacho.

Su anuncio para declinar al cargo de subsecretaria en gobernación, puede tener dos orígenes y ninguno corresponde a su justificación de enfrentar motivos familiares: o le leyeron la cartilla y los mandó a inflar burros por el niple, o lo de la Gordillo fue la gota que derramó el vaso para romper lanzas. Lo que no tiene vuelta de hoja, es la dimensión y la naturaleza del gesto: desertó.

Al exitoso e insumergible buque de MORENA, pensado para surcar los mares del poder durante eones, le ha aparecido el primer iceberg en su ruta – no será el único -, con el tiempo sabremos si lo dejan atrás o éste los rebasa para luego ponérseles enfrente; por sí o por no, lo aconsejable es mantener a los vigías en el carajo.

Print Friendly, PDF & Email

Continuar leyendo

Artículo siguiente

A favor del amarillismo


Artículo anterior

Así no, senadores


Estás escuchando:

Background