Las elecciones y el ciudadano

13 de marzo de 2018

En estos días y hasta meses, es frecuente la interrupción de los programas televisivos con un promocional que ha llamado mi atención. Según este aviso, protagonizado por unas personas que por su apariencia podríamos ser usted o yo, debemos tener confianza en la organización de las elecciones que tendrán lugar en julio próximo, porque son los ciudadanos quienes vigilan y llevan a cabo este ejercicio democrático.

El mensaje tiene como objetivo conseguir una mayor participación electoral y lograr mayor confianza en esta masiva expresión ciudadana. Hasta aquí resulta inobjetable. Sin embargo, donde las cuentas ya no salen es cuando se entera uno que la composición de las mesas durante las jornadas del domingo electoral, en los centros de votación, están copadas por los representantes de los diversos partidos políticos.

Todavía más, es del dominio común, que existen diversas y complejas técnicas para inducir las votaciones y en los partidos políticos son muy socorridos los llamados expertos electorales; es decir, aquellos personajes cuya especialidad es la de inclinar o acudir a sofisticados procedimientos para llevar a las gentes a votar, contabilizar los votos y finalizar el llenado de actas. Cada una de estas etapas del proceso electoral están ocurriendo ante la vista de quienes están al cuidado de las urnas y los ciudadanos nada pueden hacer al respecto. La pregunta entonces, de hasta dónde llega la intervención del ciudadano es pertinente y muy válida.

Me parece a mí que el INE engaña con la verdad. Ciertamente es notable el esfuerzo que realiza para involucrar a la gente en las elecciones, pero es engañosa la propaganda, seguramente muy costosa, realizada para disipar las dudas sobre el nivel de participación del ciudadano. Aseguran que la selección de los ciudadanos es por insaculación asegurando con ello la objetividad del procedimiento.

Sí así fuera entonces, uno se cuestiona acerca de qué hacen los representantes de los diferentes partidos en donde se instalan las urnas y todavía más, qué hacen tomando el control de los conteos y el llenado de las actas.

En un día como éstos, al llegarse las seis de la tarde, oficialmente se baja el telón del proceso de votación en los diferentes centros. Sigue luego el conteo de los votos que suele no ser tan sencillo como suena y nunca falta aquí la voz experta de quien ya ha estado en diferentes ocasiones en procesos parecidos que “casualmente viene a salvar” lo complicado del momento.

Contabilizados los votos y llenadas las actas, lo que sigue es el aseguramiento de los paquetes electorales. Los presidentes de las casillas, que teóricamente son ciudadanos sin partido, son los encargados de llevar a los centros de recepción las urnas y las actas llenas y firmadas por quienes tuvieron voz activa en este importante ejercicio cívico.

Y hasta ahí. Lo que pasa después es un misterio para el común de la gente, entre quienes estamos, por supuesto los ciudadanos, y son recurrentes los casos de volteretas espectaculares en los resultados por casilla. En esta fase ya no encontramos por ningún lado la mano del ciudadano.

Después viene el conteo oficial de la elección, tres días después de realizada esta, en donde la voz cantante la llevan los partidos, en esta fase ya los ciudadanos son, si acaso, un mero punto de referencia. Si todo va bien hasta este punto, se procede a declarar a un virtual ganador, o si los resultados son confusos es muy frecuente que se lleve a la judicialización en donde ya el ciudadano se difuminó.

Cuando se mira el mensaje emitido por el INE uno no puede evitar cuestionarse sobre el porqué no se habla con la verdad, o como se dice cada vez más frecuentemente, con transparencia. Interviene el ciudadano en el proceso de elección? La respuesta es sí, pero solo en una parte. La calificación de las mismas sigue siendo una profunda incógnita para él, y eso, también debiera ser difundido por el INE, si es que acaso quiere avanzar en conseguir la certeza y credibilidad de los mexicanos.


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