Acepciones de la expresión «cerrar ciclos»

21 de febrero de 2018

Con frecuencia escuchamos o incluso repetimos la frase “cerrar ciclos”. Se cierra un ciclo, se dice, cuando abandonas una determinada situación familiar, cuando dejas un trabajo, cuando terminas un semestre escolar, cuando obtienes un título profesional, o simplemente cuando decides asumir una actitud diferente a una tradicional. El tema no es menor y cada uno de los aspectos mencionados puede enfocarse desde diversos ángulos y con resultados también diferentes.

Como historiador, por ejemplo, llama poderosamente mi atención la consabida frase, porque constituyen marcas o señales para determinar el fin o el comienzo de algo. Grandes ejemplos de ello son las fechas de 1810, 1848, 1910 y 1968. En cada uno de estos años sucedieron cosas que cimbraron al país y ello está más que documentado. Hay cientos de libros que así lo testimonian.

Es decir, que la expresión “cerrar ciclos” tiene, en efecto, un gran sentido y refleja hechos que en realidad suceden. Desde el punto de vista político se está abriendo un compás, cuyo alcance delimitará, de manera necesaria, un ciclo. Si enfocamos esta expresión a la arena nacional se pueden detectar diversas ondas, e igual cosa sucede si nos retraemos al ámbito regional, estatal o local. Habrá tiempo de volver a este tema específico.

Todavía más, si elevamos la mira y la fijamos a escala internacional, también detectaremos la presencia de esta clase de sucesos. Ejemplos: 1492 descubrimiento de América, 1769 expulsión de la orden de los jesuitas en América, 1789 acontece la revolución francesa que constituyó un modelo para otras regiones del orbe, 1914 se quiebra el orden internacional con la Primera Guerra Mundial, 1945 se vuelve a convulsionar el planeta con la Segunda Guerra Mundial, y 2001 con el ataque a las Torres Gemelas, en Nueva York, Estados Unidos, y así le podemos seguir.

A nivel nacional dos de estas etapas fueron fundamentales por las transformaciones que implicaron y por los saldos de naturaleza diversa que significaron. Estas dos fechas emblemáticas serían 1810 y 1910. La primera porque abrió un ciclo que culminaría en 1821 con la Independencia de México de la monarquía española y 1910 porque comenzó la revolución mexicana, de la cual es heredera la situación actual.

Ambos sucesos fueron complejísimos y como es natural detonaron posturas encontradas respecto a su significado, como también lo prueban los cientos de libros escritos sobre ellos, en un sentido crítico unos y laudatorio otros.

Y aquí volvemos al punto de partida. Los grupos, las familias y el individuo resintieron de diferentes formas la oleada de acontecimientos que se encadenaron y que, en conjunto, vistas como historias específicas, dieron lugar a la expresión particular “cerrar ciclos”. Los grupos españoles de comerciantes y mineros cerraron su ciclo en 1810 y lo abrieron en cambio los llamados grupos de conservadores y liberales, poseedores cada uno de su propia historia.

Las familias acomodadas españolas tuvieron que migrar hacia su país de origen, pues para muchas de ellas el ciclo se había cerrado.

En resumen: la expresión “cerrar ciclos” puede ser dolorosa, la mayoría de las veces, y ello dependerá, obviamente, de la posición que se tenga en una cuestión que literalmente contiene dos extremos. El extremo que se cierra asume un mayor costo y el extremo que se abre, estará abierto a la recepción de algún beneficio. Ambos, como puede deducirse, dependerán de peculiaridades muy difíciles de controlar.


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