El fin del tabajo y el nuevo hombre

14 de agosto de 2017

Dice la voz popular que a nadie le gusta el trabajo, la prueba está en que a todos nos pagan por hacerlo. Si definimos al trabajo como el esfuerzo para mantenerse vivo, por la vía de la caza y recolecta, operando en una factoría o haciendo horas nalga en una oficina, la afirmación sin duda es cierta.

En los países más avanzados en lo social (EEUU no es uno de ellos), la naturaleza del trabajo ha entrado en discusión ante una nueva realidad que promete su desaparición; el avance tecnológico y la globalización han creado una sinergia y a la vez han adquirido la suficiente masa crítica para lograr un crecimiento exponencial, van demasiado rápido y superan ya el crecimiento poblacional, dicho de manera sucinta, los ricos cada vez batallan más para vivir a expensas de los pobres, la prueba es cada vez son más los segundos y cada vez son menos los primeros, son las contradicciones del capitalismo llegando a su límite, tal y como en la URSS las contradicciones del socialismo agotaron ese proyecto.

Suiza es un buen ejemplo de las nuevas circunstancias, es un país con más dinero que problemas, uno de ellos es que no tiene capacidad (ni necesidad) para dar trabajo pleno a su población, pues su capacidad de consumo y por ende sus necesidades de producción han llegado al límite y los excedentes monetarios se acumulan, abriendo frentes económicos inesperados; una de las soluciones que intentaron probar fue la de regalar dinero: sometieron a referéndum una ley para dar un ingreso mensual fijo, superior a los mil dólares, a todo ciudadano suizo. La propuesta no fue aceptada, la población no estuvo de acuerdo en recibir dinero regalado. Lo interesante, aquí, es lo arraigado de la idea en el sentido de que sólo es merecido aquello que se gana con disgusto, sin sufrimiento nadie merece recompensa.

El reto no es menor, sobre todo porque ya es urgente: la p√©rdida de puestos de trabajo por el incremento de la productividad es mundial. La pr√≥xima llegada de veh√≠culos aut√≥nomos a actividades como la agricultura y la milicia, va a provocar una burbuja de desempleo inusitada en la historia de la humanidad, pues la mayor parte de la fuerza laboral en el mundo (m√°s del 30%) se desempe√Īa como conductor de alg√ļn tipo de veh√≠culo.

En Moby Dick (1851), el capit√°n Ahab, con cuarenta a√Īos navegando sin casi tocar tierra, puede ser visto como una met√°fora del momento que viv√≠a la industria ballenera frente al descubrimiento del petr√≥leo, como sustituto del aceite del cet√°ceo: incapaz de enfrentar su circunstancia y sin respaldo para adaptarse, opta por el sacrificio personal, de su barco y de su tripulaci√≥n, convirtiendo su muerte en un grito de reclamo a un mundo que los dej√≥ de la mano en aras del progreso.

¬ŅQu√© vamos a hacer? ¬ŅCu√°l es el papel a desempe√Īar por instituciones como las universidades? Son pocas las actividades especializadas que no est√°n siendo afectadas por la ola tecnol√≥gica, en particular salen mejor libradas aquellas que requieren de procesos emp√°ticos como la salud, la ense√Īanza y la creaci√≥n (arte, entretenimiento, etc.), pues la personalizaci√≥n de la atenci√≥n es algo a√ļn lejano de ser sustituido por m√°quinas, la soluci√≥n entonces puede estar no en la renuncia a nuestra humanidad sino en lo contrario, en redefinir la naturaleza del trabajo para cambiarla, de actividad productiva, a actividad enriquecedora de todo aquello que nos ha convertido en la especie triunfante sobre la tierra, de ser as√≠ las universidades tienen mucho trabajo por delante y debemos impulsarlas a que lo hagan, debemos convertir el conocimiento en un fin en s√≠ mismo, en la medida que sirva principalmente para crear al hombre nuevo.

¬°√ćngazu‚Ķc√≥mo hace no escuchaba esa expresi√≥n!


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