El vigésimo Festival Universitario de la Cultura

4 de mayo de 2017

El viernes 5 de mayo tiene su relevancia particular para los sinaloenses. De un lado está la fecha icónica en el calendario cívico nacional, la celebración de la victoria del 5 de mayo de 1862 de los mexicanos ante los franceses y, de otro, una conmemoración universitaria propia con un doble simbolismo que se remonta a 1873, cuando es creado el Liceo Rosales, antecedente directo de la actual Universidad Autónoma de Sinaloa.

El primer aspecto llenó de optimismo el alicaído espíritu nacional, preso en aquellos lejanos tiempos de las rivalidades y reyertas entre liberales y conservadores e hizo concebir esperanzas a un pueblo atrapado en confrontaciones y desánimos, a raíz de la pérdida del territorio norteño y la guerra civil que significaron las leyes de reforma.

Pero es el segundo aspecto festivo, el de la celebración universitaria, el que atrapa esta vez nuestra atención, también por dos motivos de peso. El primero porque esta institución educativa llega a 144 años y, el segundo, porque empotrada en esta fecha emblemática, la UAS ya suma el vigésimo segundo aniversario de su Festival Cultural Universitario.

A este último asunto quiero referirme. Leí con estupor la columna de un acreditado periodista quien se abocó a denostar este importante proyecto cultural.

El argumento de su columna se centraba en descalificar este festival, porque según él, las actividades artísticas, sumamente atractivas valga decirlo, respondían a un interés particular del rector, quien así estaría incurriendo en un espectáculo costoso, lesivo para las finanzas universitarias, en una época de precariedad presupuestal.

Me parece que este tipo de observaciones no se sostienen, en virtud de que existe un gasto anual calendarizado, que evita improvisaciones y ocurrencias, y bastaría tan solo con revisar el Programa Operativo Anual para constatarlo. Nadie niega, de otra parte, la escasez de recursos  que tiene la Universidad pero, en sentido estricto, la institución siempre está en una situación extrema, debido a que los criterios que se utilizan para el diseño del subsidio al que accede cada año, no son los mismos que se emplean con otras instituciones.

Pero en el caso particular del Festival Cultural Universitario hay otros resortes que están  afectando la palanca. Imaginémonos por un momento Festival menos ambicioso. Pasaría exactamente lo mismo, sólo que en este caso la crítica estaría enfilada a descalificar la propuesta cultural por no estar a la altura de un pueblo como el sinaloense y los señalamientos estarían enfocados a cuestionar el destino del presupuesto universitario.

Es decir, cualesquiera que fuera el caso, el analista no lo iba a dejar pasar. En el extremo opuesto creo que el multicitado festival constituye, para el ambiente que se vive en el Sinaloa de hoy, un remanso de paz y eso debe destacarse. A final de cuentas, la UAS está cumpliendo con su elevada función. La aceptación con que fue recibido el anuncio de su programación es una prueba incuestionable de ello.  Y la prueba de fuego será calificada con la asistencia del público a las presentaciones de los artistas. Estaremos listos a ver que pasa.

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