Periodista y escritor

23 de mayo de 2017

Es inevitable hablar del sentido fallecimiento del periodista y escritor Javier Valdez. Sobre todo porque con √©l se reduce el capital cr√≠tico de la sociedad sinaloense y la cultura pierde uno de sus promotores m√°s destacado de los √ļltimos tiempos.

El primer aspecto de su desempe√Īo profesional lo llev√≥ a ejercer su oficio  con valent√≠a y seguramente √©l lo sab√≠a, en el filo de la navaja. Y no porque el anduviera a la caza de protagonismo, sino porque el tema de por s√≠, daba para convertirse en punto de referencia.

Sin embargo, no deseo ahondar en este lado de la cuesti√≥n, que ya ha sido abordado por innumerables y autorizadas voces, sino como promotor de la cultura y m√°s precisamente promotor de la lectura, papel que tambi√©n hab√≠a venido jugando con bastante solvencia en los √ļltimos a√Īos, a ra√≠z de la publicaci√≥n de sus libros.

Me toc√≥ atestiguar una de sus, por llamarlo as√≠, rutinas con el p√ļblico y era una verdadera delicia observarlo. Era una charla con ni√Īos y adolescentes y muy pronto todos los asistentes estaban en un estado de encantamiento; Javier era capaz de producir eso en sus intervenciones. Su gran ventaja era hacer f√°cil lo dif√≠cil, y despertar la hilaridad de un p√ļblico complicado, seg√ļn la opini√≥n experta de animadores y promotores culturales de primera l√≠nea como Alfonso Orejel y Guillermo Henry.

Y digo que hacía fácil lo difícil porque sus pláticas inevitablemente lo llevaban a abordar temas complicados, que uno supondría más sencillo de asimilar por personas con cierto rango de edad. Pero no, él tenía esa vena de reírse de sí mismo y de envolver en su rejuego a quienes tenían la fortuna de escucharlo.

Esa vez, lo recuerdo bien, fue invitado a los festejos del d√≠a internacional del libro, para lo cual el ISIC, a trav√©s de su programa Salas de Lectura dise√Ī√≥ una jornada de lectura en la Plazuela Obreg√≥n, teniendo como anfitriones a ni√Īos y ni√Īas de escuelas primarias. Cuando lleg√≥ lo primero que dijo fue: ‚ÄúYo pens√© que era un p√ļblico adulto, pero no hay problema‚ÄĚ, e hilvan√≥ una serie de di√°logos que atraparon la atenci√≥n de la chiquillada y de los dem√°s asistentes, porque en realidad la invitaci√≥n era abierta.

Fue su facilidad de palabra y la utilizaci√≥n de un lenguaje directo lo que le granje√≥ la aceptaci√≥n de los ah√≠ presentes, pero fue sobre todo, esa gran capacidad que ten√≠a de comunicarse mediante giros ling√ľ√≠sticos de uso com√ļn de ni√Īos y j√≥venes, lo que le atrajo sus miradas atentas y curiosas.

Lo vi en tres ocasiones m√°s y el efecto que ocasionaba en sus oyentes siempre fue el mismo, no obstante ser p√ļblicos diversos e incluso cr√≠ticos. Esa cualidad tambi√©n se le va a extra√Īar: la de propiciar el coloquio entre los asistentes y hacer entender a sus oyentes los temas m√°s densos y complicados con un comentario jocoso. Era, por decirlo as√≠, su personalidad desenfadada la que le ca√≠a bien al aprendiz de lector. Algo, por cierto, muy escaso entre la mayor√≠a de los promotores de la lectura que me toc√≥ conocer.


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