En busca de la unidad

10 de February de 2017

Conseguir la unidad entre la gente es más difícil de lo que parece, pues somos individualistas por naturaleza, o por necesidad. Me explico. Los momentos cumbres de convergencia de energía colectiva se aprecian en un partido de futbol o  beisbol, o en la participación de una marcha, aunque en este último caso las cosas ya comienzan a complicarse. Asistir a un partido de beisbol me liga automáticamente con los demás asistentes, porque deseamos el triunfo del equipo de casa; de ahí que no se requieren esfuerzos adicionales para expresar entusiasmo o la participación para la articulación de una porra; la unidad conseguida de esta manera es efímera y de duración cronometrada, de noventa minutos en el caso del futbol y de tres horas en promedio, en el caso del beisbol.

El ejemplo de las marchas es de otra naturaleza, porque a ella concurren otro tipo de motivaciones, que pueden ser políticas o económicas. El gasolinazo se viene inmediatamente a la memoria. Los resortes en este caso son el enojo, el hartazgo y la incertidumbre sobre las consecuencias impredecibles que un fenómeno así pueda detonar. La unidad es aquí forzada más que espontánea y por eso es más difícil de conseguirla; para ello se requieren esfuerzos grandes de organización y el desempeño de liderazgos. En este ejemplo el reto a vencer es el escepticismo de la gente, consagrada a conseguir el pan diario y hasta su sobrevivencia.

En México, y Sinaloa no es la excepción, en los últimos días se habla mucho de la unidad. Unidad en torno al presidente Peña,  unidad frente a la embestida del presidente Trump, y unidad para poder superar los problemas que se nos vienen encima. Los tres son grandes motivaciones pero difíciles de conseguir. Por un lado está la impopularidad del presidente Peña, y por otro, las intenciones de los convocantes, que tiene que ver con el ejercicio del liderazgo, asociado siempre, inevitablemente, a cuestiones políticas.

A pesar de todo, es indispensable que alcancemos la unidad, pero no en abstracto, es decir, una unidad con sustento y razones, que lleven a la calle a la gente y ya en ésta se trasmitan emociones y apego a las causas de los manifestantes. De otra manera no habrá solidaridad ni empatía con el de enseguida y se corre el riesgo de conseguir un efecto diferente al deseado: el de una desunión lamentable, y lo que podría todavía ser más grave, influir en una división perjudicial que nos debilita frente a las amenazas del belicoso presidente vecino.

En Sinaloa, por ejemplo, se podría marchar en favor de la permanencia del TLC, aunque éste tendrá que ser modernizado, porque es mucho lo que con este instrumento está en juego, como es la estabilidad y el éxito de la agricultura comercial, como uno de los soportes principales de la economía del estado; otra razón para salir a la calle es el respeto a los migrantes sinaloenses, hoy en día amenazados por una orden ejecutiva de Trump, que en el momento que empiece a hacerse efectiva y comiencen a retornar, revelarán la magnitud de las carencias de nuestra economía, como hija de nuestro pobre crecimiento. La falta de empleo será la prueba irrefutable de estas fallas.

Y, sin embargo, sobre estos asuntos no hay expresiones. Aquí, por ejemplo,  se extraña la unidad.


XHMSA

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