Mentiras en las redes

13 de febrero de 2017

A nivel mundial hay un supuesto problema en las redes sociales, que hiciera crisis durante la elecci贸n presidencial en EEUU, pues en ellas se vivi贸 el fen贸meno de sitios informativos falsos en contra de la candidata dem贸crata. Esa es bronca de ellos y por ello all谩 ellos; nosotros tenemos las nuestras.

Sin duda, en M茅xico las redes sociales tienen un estatuto de verdad mayor a los medios convencionales, y no tanto porque las primeras sean fuente de informaci贸n de mayor calidad, m谩s bien es por la desconfianza a los segundos, que desde siempre han atendido intereses que bien poco tienen que ver con su p煤blico; la libertad de expresi贸n en M茅xico ha sido la m谩s importante de las garant铆as individuales鈥 para los due帽os de los medios; si alguien tiene dudas le aconsejo platique con Emilio Azc谩rraga Jean; no s茅 si sigue yendo al caf茅 de Los Portales.

Lo que en verdad est谩 pasando con las redes sociales, es que est谩n descontinuando las herramientas que hist贸ricamente sirvieron para construir narrativas falsas con total efectividad e impunidad, hoy, esa cr铆tica pone el 茅nfasis en la abundancia de mentiras pero omite mencionar la rapidez con que son descubiertas y evidenciadas, la vida 煤til de un embuste cada d铆a es m谩s breve y eso es gracias a la interconexi贸n del p煤blico, que nos permite denunciar y ser escuchados, muy distinto a como era antes cuando el derecho de r茅plica se daba como una generosa d谩diva del medio (cuando lo llegaba a conceder).

A la mayor铆a de los periodistas nos est谩 costando trabajo adaptarnos a la nueva realidad, pues se act煤a sobre la base de que internet s贸lo es un sustituto de la 鈥渃irculaci贸n鈥 o la audiencia, y se pretende mantener sin cambios la exclusividad medi谩tica y su consecuente impunidad, como acaba de ocurrir aqu铆 en Culiac谩n con el portal Viva Voz, al publicar un hecho en Ciudad Universitaria de manera distorsionada, por decirlo amablemente. El acto del portal tuvo sus consecuencias, por lo menos contribuy贸 a alimentar el clima de sicosis del que a煤n no salimos, pero hasta ah铆 tampoco es para cortarse las venas con un ejote, donde s铆 la puerca torci贸 el rabo es cuando nada m谩s retiraron la nota sin dar ninguna explicaci贸n ni disculpa.

No es ning煤n pecado equivocarse: se enmienda el error hasta donde sea posible, se pide indulgencia y se promete ser m谩s cuidadoso en la pr贸xima. Pero si se hace a la chita callando, entonces es obligado pensar que s铆 se hizo con mala intenci贸n y, peor a煤n, sobre la base de que tirada la piedra nadie podr谩 se帽alar la mano que la tir贸. Eso era antes.

El periodismo no es una actividad que est茅 por encima de cualquier otra, ya no, la desmemoria ha desaparecido en M茅xico y siempre habr谩 quien recuerde nuestros esqueletos en el closet: los certificados de moralidad y 茅tica expedidos desde el pedestal de la gran prensa perdieron validez. Ahora s铆 se volvi贸 cierto aquello de que los m茅dicos entierran a sus errores, mientras que los periodistas los publicamos. Nos quedamos desnudos. Qu茅 bueno.


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