¿Jorge Aragón para Cultura Municipal?

11 de septiembre de 2018

En el tema de cultura, si en algo existe un consenso general es en la riqueza que nos distingue como pueblo. Punto. Después de eso no es gran cosa lo que hay para decir, salvo señalar el hecho, de que tenemos a la vista evidencias sobre un proceso de fosilización de la cultura mexicana.

Esta visión impregnada de pesimismo, plantea que desde hace mucho, nuestra riqueza cultural ya no ha sido capaz de articular una propuesta capaz de integrarse al bagaje universal, como sí lo hizo durante el siglo pasado a través de aportaciones como el muralismo, la literatura – con figuras como Rulfo, Paz, Fuentes -, la música –el nacionalismo-, etc.

No existen muchos estudios al respecto, pero ciertos críticos cuyo distintivo es la incorrección política, afirman que la época de oro de las artes mexicanas, fue fruto del bagaje adquirido por sus protagonistas, gracias a la formación que recibieron en las postrimerías del porfiriato, así como a la posterior influencia de la migración española previa a la segunda guerra mundial.

A decir verdad el balance hasta hoy es bueno: son pocos los países que pueden presumir una incidencia como la de México sobre la cultura mundial. Pero si tomamos en cuenta el tiempo que llevamos sin dar golpe, la conclusión es que algo estamos haciendo mal desde varias décadas atrás y no es asunto menor, pues el arte de un pueblo es la expresión de su nivel de humanidad.

Estas viejas reflexiones, me surgen de la memoria mientras veo algunos números artísticos del programa televisivo England Got Talent, una franquicia nacida en la vieja Albion y reproducida en otros países (sobre la experiencia mexicana mejor ni hablar), cuya idea central no es otra que la de un programa de aficionados.

En buena medida, England Got Talent es, en términos culturales, la expresión del lumpen inglés, donde –a diferencia nuestra- es posible distinguir en sus participantes la capacidad de aceptar, entender y adoptar cambios -sobre todo tecnológicos- para crear nuevos conceptos escénicos. Hay algunos gadjets en verdad delirantes por la desbordada imaginación para concebirlos y aplicarlos, esto no puede ser más que el resultado de un sistema educativo donde los hombres siguen siendo sujetos y no objetos. Estos son los indicadores de verdad y no estoy diciendo ninguna novedad, pasa que ya nadie recurre a ellos porque no tendríamos manera de salir bien librados: nuestra cultura está jodida porque nuestra educación también lo está.

Nuestra atonía cultural ocurre a pesar de que, comparando con el pasado, hay más promoción, presupuestos, infraestructura, consenso, etc. pero no hay orientación porque no hay ideas de a dónde queremos llegar; tan es así, que aquí en Culiacán se ha desatado una serie de campañas de figuras del ambiente cultural, promoviéndose -ante el alcalde electo- para ocupar la titularidad del IMCU, cada uno anexando su propuesta de lo que debe ser el proyecto cultural municipal; lo más cómico de esto, es que dos buenos amigos me llamaron hoy para preguntarme qué tan cierta era mi pretensión de entrar al ruedo; a ese nivel está llegando la locura.

Sí me parece una locura, porque estamos viviendo el mundo al revés: Estrada Ferreiro, no ha dicho una palabra que sirva para tener claridad sobre sus metas en materia cultural ¿cómo entonces puede haber tanto interesado en entrarle? En lo personal, nunca he aspirado a ninguna titularidad de ningún cargo importante en el aparato público, porque nunca le he visto a un presidente, gobernador o alcalde una mínima idea de a dónde y por qué quiere llegar en lo cultural. Hasta en tanto no suceda, recomiendo mantenerse al margen.


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