Y se murió Toledo ¿también o nada más?

10 de julio de 2018

No deja de tener su encanto, que a escasos cinco días de la brutal derrota del PRI fallezca el exgobernador Antonio Toledo Corro, porque las coincidencias no paran ahí.

Los que hoy insisten en advertirnos sobre el riesgo de que México regrese a la senda del mal -la del horrorosísimo populismo-, insisten en vendernos una versión de la historia que no puede sostenerse, en la medida que uno se mete a revisar cómo fue a ciencia cierta aquella etapa; lo peor para esos agoreros del desastre, es que a cada rato ocurren acontecimientos que obligan a revisar ese periodo, trayendo al momento actual los capítulos que convenientemente borraron de una historia que aún está viva.

A Toledo Corro lo hizo gobernador el entonces presidente José López Portillo, por lo que su sexenio dirigiendo a Sinaloa inicia en ese periodo presidencial y concluye en el siguiente, el de Miguel de la Madrid, es decir: cruzó airosamente del último sexenio nacionalista al primer sexenio neoliberal, un auténtico gobernador de transición.

Toledo fue secretario de la Reforma Agraria con López Portillo y de ahí se vino a gobernarnos; en un tiempo donde sólo el presidente gozaba del privilegio de tener avión a su servicio, nuestro paisano era famoso porque tenía su jet particular, que fuera descrito por él mismo como “un señor avión”, cuando una reportera le preguntó si era verdad que poseía “un avioncito”; anticipo de los tiempos que se avecinaban, fue el primer político sinaloense que alcanzó la categoría de rico de verdad –cómo los de hoy-, con una fortuna obtenida en su totalidad al amparo del gobierno, merced –entre otras cosas- a unos legendarios desmontes en el sureste mexicano; aunque su papel como protagonista político concluyó con su gubernatura, su prosperidad no decayó pues supo encontrar fuentes de ingresos altamente generosas, de las cuales bien pudiera ilustrarnos el lenguaraz de Vicente Fox quien, durante su campaña en el año dos mil, lo acusó a voz en cuello de lo que aquí en Sinaloa era compartido en cualquier conversación: sus relaciones con el narcotráfico.

Sobre todo, Don Antonio fue el mayor enemigo jurado de la UAS e hizo hasta lo imposible por mermarla, de esta intención nacen COBAES y UAdeO, instituciones que para buena fortuna de los sinaloenses superaron el propósito con que fueron creadas.

Otro elemento conveniente de recordar, es que don Antonio vivió una pequeña resurrección en el 2010, cuando apadrinó la candidatura de MALOVA a la gubernatura, siendo desde entonces que su nombre volvió a ser recurrente entre la comentocracia política, pues el priismo lo recibió de nuevo para no soltarlo nunca, lo cual confirma que en ese partido funcionan como la canción de José Alfredo: voy a cometer los mayores pecados del mundo para ver qué es más grande, mis pecados o el perdón de Dios.

La política mexicana ha sido hasta hoy, el reino donde el que manda nunca se equivoca y si se equivoca, ya que deja de mandar cuenta con el perdón de quien lo releva y eso, entre otras cosas, es lo que está por verse si continúa. No falta mucho para que sepamos si Toledo se murió a tiempo.


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