El video de Diego Luna

25 de junio de 2018

En redes está circulando profusamente un video protagonizado por Diego Luna, donde nos invita a todos los mexicanos a cumplir con nuestra obligación de votar este primero de julio, pero ese no es el mensaje principal, también nos exhorta a que pasada la jornada electoral, retomemos nuestra cotidianeidad y depongamos el ánimo combativo y beligerante que está distinguiendo a esta elección presidencial.

En apariencia, un mensaje así es irreprochable y digno de tomarse a pie juntillas, nada más que a mí no me suena del todo. En entrevista reciente, Juan Villoro enfatizaba los umbrales tan altos de dolor que tenemos los mexicanos -por así decirlo-, refiriéndose a los tremendos abusos y excesos que en el terreno de lo político y social llegamos a tolerar.

Tanto Diego como Villoro están abordando lo mismo, se refieren a esa parte de nuestra idiosincrasia a la que coloquialmente nos referimos como “el tigre dormido”, un fenómeno que no es tan particular de nosotros como suponemos, se trata de uno de los signos distintivos de sociedades que por inmadurez democrática, son incapaces de sopesar las consecuencias que a mediano y largo plazo puede causar la relación entre causa y efecto, de ahí que el cumplimiento de las obligaciones ciudadanas sea postergado siempre, llevándonos con frecuencia a situaciones límite, creando buenas condiciones para fenómenos sociales indeseables por peligrosos. Dicho en buen castellano, los mexicanos no aguantamos muchos abusos porque seamos estoicos, lo hacemos porque nos cuesta tomar el toro por los cuernos y mejor optamos por la evasión de las responsabilidades, y acuérdense que el flojo trabaja doble.

Diego Luna nos está planteando el peligro de un desbordamiento de las pasiones, yo prefiero celebrar que la pasión ha surgido y sugiero no desaprovecharla.

¿Nos estamos polarizando? Claro que sí y que bueno, ya era hora, nos interesáramos en los grandes asuntos que nos afectan y nos atañen: hace años no veíamos disputas sobre posturas económicas como neoliberalismo y populismo. Los temas tabú han sido desterrados de la discusión pública y cuestiones como el aborto, feminismo, pobreza, educación, etc. salen a relucir en todas las conversaciones porque el público se está interesando y está participando; ya es evidente el nerviosismo de los beneficiarios de nuestra estolidez ciudadana, son ellos los que se quejan por la crispación actual, acostumbrados como estaban a que nuestras elecciones fueran procesos tersos, sin aspavientos, de mero trámite: no les está gustando la posibilidad de que nuestra democracia escale a un nuevo estadio donde nunca más, las candidaturas, los triunfos y las derrotas puedan resolverse tranquilamente con reuniones entre Cevallos y Salinas, o López y napito, o Anaya y Barreiro. Sobre todo, les angustia como se van acumulando las evidencias de que nunca tuvieron, ni tendrán, respuestas para nuestros problemas. Sin que sea su intención, creo que Diego Luna y quienes lo acompañan en la idea del video caen en este juego perverso, me parece que esa propuesta es como despertar al paciente para que se tome su pastilla para dormir.

Sí estamos presenciando un despertar ciudadano, soy un convencido sobre la necesidad de alimentarle ese impulso para que la aviada llegue mucho más allá del primero de julio; necesitamos encontrar propuestas de participación, para que la ciudadanía no baje la guardia y enfrente o apoye –según sea el caso- al próximo gobierno, porque sea quién sea que lo encabece, deberá resolver los conflictos generados por sus compromisos políticos, así como las presiones que de forma natural deberá enfrentar. ¿Retirarnos a nuestras casas el dos de julio? ¿No es México nuestra casa?


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