¡Ay vida! No me mereces

11 de junio de 2018

A estas alturas del proceso electoral –y al margen de quién resulte triunfador-, el nivel de discusión en redes sociales, medios de comunicación, etc. reflejan con cierta claridad que los primeros reprobados en cultura política, civismo, etc. somos los electores, al menos del círculo verde para arriba.

La expresión “no hay a quién irle”, es lo más común cuando se habla de los diferentes candidatos a cargos de elección popular, el nivel de exigencia es tan elevado y riguroso que no hay defecto -por nimio que sea- digno de ser pasado por alto, de ahí que cualquier simpatizante de cualquier corriente política tiene de antemano la etiqueta puesta: chairo, popof, populista, neoliberal, etc. todo el universo de votantes está compuesto por individuos cercanos a la idiotez patológica, al menos así lo sugieren quienes, en lugar de expresar sin cortapisas su preferencia -o sea la inmensa mayoría-, optan por mejor descalificar al resto del mundo antes que defender una posición personal.

Con ese nivel de discusión pública, entonces, no debería extrañarle a nadie la estatura de los candidatos que –otra vez según ellos- tenemos. De acuerdo, nuestra clase política no ha hecho su tarea ¿nosotros sí? Imaginemos que a los diez mayores líderes políticos modernos (vivos o muertos) les dan a escoger qué pueblo desean encabezar ¿considera usted que alguno de ellos escoja al pueblo mexicano?

No se trata aquí de un ejercicio de autoflagelación, sino de señalar deficiencias graves que padecemos como ciudadanos, lo cual provoca déficits en todo lo demás; tengo amigos con veinte años quejándose de que la CFE les roba en cada recibo que llega, pero siguen sin aprender cómo hacer ellos su propia lectura del medidor. Ni que fuera la teoría de la relatividad. Es apreciación mía, claro, pero siento no hemos avanzado nada los últimos cincuenta años, seguimos siendo un pueblo cuya única habilidad es quejarse para rehuir responsabilidades. Para cerrar con broche de oro, les confieso todo este artículo surge de una reflexión provocada por un chiste que me encantó y se los comparto:

-Estoy desesperado, tengo mucho tiempo sin pareja y ando urgidísimo, y mira que anoche estuve a punto de participar en un trío sexual.

-En serio! Cómo estuvo eso?

-Estaba en el antro, cuando un cuerazo de mujer se me acercó y me dijo “yo y mi amiga –otro cromo- queremos hacer un trío contigo”.

-Pa’ su madre! ¿Y qué les dijiste?

– “…Será mi amiga y yo”.


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