Margarita me puso a temblar

17 de mayo de 2018

De llamar la atención, la coincidencia de dos hechos en la CDMX, por un lado un sismo de 5.2 grados, lo cual según los especialistas es bueno pues libera energía contenida en las placas continentales, lo cual suena bien rimbombante y apantallador, pero no logra hacerme olvidar que hasta la fecha no logran predecir ningún terremoto, ni siquiera de los chiquitos, así pinchón, como el mitote en el poder judicial sinaloense; ese mismo día, Margarita Zavala anunció que nos dejaba a los mexicanos sin ninguna posibilidad de ser gobernados por ella –pues qué le hicimos-, al retirarse de la contienda presidencial.

Los dos ingredientes,  renuncia y temblor, crearon una combinación que no pudo dejar pasar por alto el talento nacional, creando en redes sociales algunos memes francamente memorables (como el de que se iba a PEMEX), a los que agradezco haberme hecho el día.

Sin embargo, un servidor, pesimista profesional con cedula cuarta debidamente acreditada ante las autoridades correspondientes, no pudo dejar de pensar en que al perro más flaco se le cargan todas las pulgas, así que una cosa me llevó a la otra y acabé preguntándome ¿qué es lo peor que nos puede pasar en estas elecciones?

Hablando al chile, a todos nos ha pasado por la mente que el peje sufra un atentado mortal (bueno pues, a todos no, ahí está el caso de Ricardo Alemán que sigue sin caberle en la cabeza), pero como estamos en el 2018 y no en 1994, de ocurrir ahora bien podría provocar se produzca un alzamiento cuyo sofocamiento pudiera llevar a un golpe de estado, que sin duda nos pondría en las puertas de Venezuela para suplicar por que nos dejen entrar; ese no es nuestro único resquemor, a quién no le angustia la posibilidad de que pese al rechazo que se prevé en las urnas, el PRI se la juegue a un fraude monumental lo cual, de ocurrir ahora, bien podría provocar se produzca un alzamiento cuyo sofocamiento pudiera llevar a un golpe de estado, que sin duda nos pondría en las puertas de Venezuela para suplicar por que nos dejen entrar (por cierto, fuentes secretas nuestras, confirman que en el cuarto de guerra de Meade un día sí y el otro también se aparece Quintín Ley); la otra es que gane el bronco, lo que sin duda nos pondría en las puertas de Venezuela para suplicar por que nos dejen entrar.

Digo, dos sismos grandes en 19 de septiembre es mucho más raro que si, entre una y dos semanas antes del primero de julio, nos pega “el grande”, que es como se refieren al supuesto gran terremoto que algún día –entre hoy y los próximos tres mil quinientos millones de años- arrasará con todo lo que esté a la vera de la falla de San Andrés. Un viejo sabio, que siempre se expresaba en latín clásico, me dijo una vez Temoris ets pore culonis, lo cual no niego, pero en este país ya tenemos rato que la costumbre es nos pase lo peor.


Continuar leyendo

Artículo siguiente

Margarita me puso a temblar


Artículo anterior

La rodilla dañada


Current track
TITLE
ARTIST