Genealogía de una trayectoria: el caso de Cipriano Obezo Camargo

6 de diciembre de 2017

Hace poco me encontré con una joya bibliográfica editada por Colegio de Bachilleres de Sinaloa autoría de Cipriano Obezo Camargo, con el sencillo título de “Obras”. Con el propósito de ligar una producción bibliográfica con las acontecimientos clave en la vida de don Cipriano Obeso, se realiza la siguiente relación, con el deseo que sea lo más completa posible y cotejar la aseveración de José Ortega y Gasset acerca de “que el hombre es él y su circunstancia. Veamos

1918. Nace en la comunidad indígena de Alhuey, Municipio de Angostura, en el seno de un humilde hogar. En este tiempo Sinaloa, igual que el resto del país pasa todavía por cierta inestabilidad producida por la muy reciente revolución, cuya expresión en Sinaloa se dio en más de un sentido.

1922. Su familia emigra a Los Mochis, población entonces de reciente creación, en donde residen prominentes agricultores y se ha convertido en una ciudad cosmopolita en ciernes, al existir la presencia de norteamericanos, mayos, chinos, japoneses y mestizos. Entonces puede observar la miseria en que se encuentran los peones mayos. El ambiente político se carga con la disputa electoral entre Plutarco Elías Calles y Ángel Flores. Aunque apenas tiene cuatro años lo sucedido en este tiempo dejará en él una huella imborrable.

1924. Entra a cursar las primeras letras en Los Mochis, logrando cubrir los cuatro grados que comprendían entonces los ciclos escolares de primaria. Sinaloa era en aquel entonces un polvorín político y en lo social se daba una diferencia marcada entre los que todo lo tenían y los jornaleros agrícolas que todavía entonces trabajaban de sol a sol. Su padre Antonio, mientras tanto, ejerce el noble oficio de peluquero.

En 1928. Cipriano comienza a recibir nociones de carpintería y posteriormente de panadería. Inicia con ello a experimentar en carne propia el aguijón de la necesidad. Esta etapa se extiende hasta 1931. Mientras tanto, en su entorno comienzan a detectarse cambios, hijos de los acontecimientos que entonces estremecían la tranquilidad pueblerina, como fueron la llegada del cine y los circos, convertidos en novedades impactantes.

En 1932, ya huérfano de padre y madre, se regresa a Alhuey para comenzar una etapa triste de su vida al emplearse como peón agrícola, involucrándose con los mayos y embebiendo sus sencillas pero sabias enseñanzas. Inconforme con lo que ve y con su situación, comienza a fraguar su viaje a Culiacán.

1934. Arriba a Culiacán en donde su condición de huérfano y pobre es considerada para su admisión en el Internado. Para ese entonces ya es un joven con muchas inquietudes. Tiene claro que su ruta está marcada por el aprendizaje y la educación. Su carácter se ha ido forjando a la luz de las experiencias vividas en Los Mochis y en los surcos de Angostura. Su sensibilidad está permeada por el conocimiento directo de las cosas. A su debido tiempo se incorpora al Colegio Civil Rosales inscribiéndose en la Escuela Normal Secundaria.

En 1938 asume la presidencia del comité de huelga del movimiento estudiantil en la Universidad Socialista del Noroeste, recién creada en 1937.

Todos estos hechos lograron forjar un carácter particular que le harían destacar en cada una de las actividades posteriores que emprendiera. Esto se puede cotejar en el libro que muy atinadamente pone en nuestras manos Colegio de Bachilleres de Sinaloa.

Para ejemplificar lo asentado veamos el caso de su parte “Lira Andariega” que cataloga su producción poética.

En Lira Andariega produce una poesía sin grandes pretensiones, buscando llegar al sentimiento del pueblo, ese conglomerado sencillo, que con su aceptación o rechazo suele ser el más implacable juez. Por eso en Lira Andariega le habla al río, a su guitarra, al amor, al relámpago, y al nopal.

Su romanticismo linda  con cierto grado de erotismo, como se advierte en “Morfoteca”, “Altata” y en “Cosas de menores”, como también el amor profundo por su esposa en “Pina consentida”; en cambio en “Gaviota Jiménez” trasluce su pesar por una bella mujer que injustamente murió por un mal amor; en “Indira Lis” descubre el amor inmenso por su hija, erigiéndose en portavoz de todos los padres; pero también la desolación de un amor sumido en la desesperanza, como en “La novia del soldado”.

En “noches de angustia en los galerones”, recobra la vida miserable de los peones de los valles productores de tomate y Caña, como ocurrió por su paso por Los Mochis . En este poema asoma su esencia solidaria hacia los trabajadores, cuestionando lo corto de los salarios, el reparto nulo de utilidades, y el cuestionable papel de las organizaciones sindicales y sus líderes, incluyendo el enigmático poema “Límales tú los garfios a las anclas”, en donde solicita huir de las consignas de los padres del proletariado y del fundador de la primera revolución socialista, temeroso de convertir en sentido común costumbres que a fuerza de repetirse nos hacen renegar del cambio.

En “Obras” se atisba una breve historia de una colonia popular, unida por el sentimiento del acendrado trabajo; es también añoranza por el viejo Alhuey y su estirpe de mayos y la preservación del juego de la hulama y el baile de la Pascola, aderezadas por las carreras de caballos y las inevitables apuestas; son también el cruce de leyendas que personifican a un pueblo como Escuinapa, y su fantástico relato del pescador embrujado por la aparición celestial de una sirena.

Yo no le conocí, pero dicen que era un gran conversador. Así debe haber sido para estar en situación de sacarle el jugo a los episodios que poblaron su vida.


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