Para qué sirve la cultura (Primera)

9 de noviembre de 2017

Por si no lo saben, los pongo en antecedentes: en un restaurant de mi propiedad, cada sábado nos reunimos un grupo de amigos (conocido como la tertulia de El miradero) para enderezar y a veces salvar el mundo, hará cosa de dos semanas le tocó exponer al actual director del ISIC, el maestro Papik Ramírez, una de las primeras preguntas que recibió fue la de ¿para qué sirve la cultura?

Curiosamente, la pregunta la vengo oyendo más o menos desde 1972, no deja de sorprenderme por lo tanto, el curioso hecho de que cada de vez en cuando aparece la interrogante, siendo que desde siempre ha estado establecido que no existe una respuesta, de hecho es más fácil responder para qué no sirve la cultura.

Para mala suerte de la cultura, particularmente en estos tiempos aciagos en esta tierra aciaga, todo mundo se ha casado con la idea de que mientras más le invirtamos a la cultura menos violencia sufriremos.

Bueno fuera.

Primeramente aclaremos que una cosa es la agresividad y otra la violencia, esta última reclama contacto físico, mientras que la agresión puede ser hasta comercial (precios agresivos, por dar un ejemplo). Muchos olvidan que, en más de un caso, las más altas manifestaciones culturales pueden contener propuestas violentas, como cuando Andre Breton sostenía que el mayor acto surrealista era salir a la calle a dispararle a la gente, o el faquirismo teatral, una corriente que plantea la necesidad de que el actor se arriesgue al nivel de daño físico durante la puesta en escena.

El temperamento violento, lo traemos impreso en los genes desde el pasado más remoto -cuando apenas éramos reptiles- y es imprescindible para la sobrevivencia, es lo que nos convirtió en los reyes de la creación, somos la especie superior porque tenemos la suficiente inteligencia para poder matar a especies que son más rápidas, más fuertes o físicamente mejor dotadas que nosotros, todas nos hacen los mandados gracias a nuestro cerebro privilegiado, gracias a él somos omnívoros, es decir, comemos de todo (menos lumbre).

La cultura, en cambio, se ha presentado apenas recientemente en dos especies, el homo neanderthalensis y el homo sapiens, desde una época que no abarca los veinte mil años si nos atenemos a los registros existentes sobre las costumbres funerarias; suponer que un lapso tan breve es suficiente para moderar nuestro temperamento salvaje es, por decir lo menos, una inocentada.


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