Qué tan solidarios somos los mexicanos

26 de octubre de 2017

En el sismo del 19 de septiembre de este año, sorprendió la solidaridad masiva expresada por los habitantes de la ciudad de México (CDMX), en especial la de los jóvenes. Las crónicas de esos días ilustran, efusivamente, la multiplicidad de casos en donde todos ellos se hermanaban en el dolor de lo sucedido.

Ante la aparición de este fenómeno, surge la inquietud de saber ¿qué tan solidarios somos los mexicanos?, y sobre todo, qué tanto lo son los jóvenes. La pregunta tiene su origen en la respuesta sorpresiva de los mexicanos por igual ante la magnitud de la tragedia, y por el hecho cierto de saber qué tanto se puede confiar en el segmento de la población que conducirá los destinos de este país, en un plazo máximo de 20 años.

Por suerte existen estudios que abordan este tipo de cuestiones, como el realizado por el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI), que en febrero de 2016 publicó en la red un trabajo denominado “la acción solidaria de los mexicanos; una aproximación” (https://www.cemefi.org/programas/investigacion-e-informacion/investigaciones-realizadas/1909-la-accion-solidaria-de-los-mexicanos-una-aproximacion.html), que permite avizorar una respuesta, agregando que en este tiempo, no se tenía ningún temor, ni por asomo, del fenómeno mencionado.

Algunas de las conclusiones de este trabajo son reveladoras: “en México se realizan 192 millones 500 mil acciones voluntarias en un año; los individuos de edad media (30-39 años) realizan más acciones que los jóvenes y mayores; las zonas rurales reportan mayor voluntariado que las urbanas; el sur es más activo que el resto de las regiones y el centro del país presenta un porcentaje menor de participación; en promedio, las mujeres realizan más acciones voluntarias que los hombres (53% vs. 47%)”, para destacar solo las más importantes para esta colaboración.

Este tipo de información hacía suponer la existencia de una población apática e indiferente ante los problemas de los demás. Sin embargo, el comportamiento magnifico y ejemplar de los jóvenes, mujeres y hombres por igual, sobre todo los llamados millennials, los nacidos entre 1980 y el año 2000, desmiente de forma grata este tipo de aseveraciones, y confirma otras.

Los ejemplos de solidaridad fueron reiterados y múltiples en Universidades, Asociaciones Civiles, gobiernos y empresas, pero destacaron, por su apabullante presencia este grupo de jóvenes, que ejercieron liderazgo, coordinaron esfuerzos y se expresaron de forma masiva y sin ningún protagonismo, durante las horas más críticas de la desgracia.

De manera destacada quedó confirmado su papel activo, pero la catástrofe demostró que la solidaridad existe en todo el país, cuando las emergencias son de magnitud semejante. Gracias a ello la corriente de apoyos a los afectados por el sismo fue masiva y continua, durante los primeros días y subsiguientes.

Fue tan sorprendente la solidaridad de la gente que algunas comunidades hicieron llamados a suspender el envío de ayuda, reconociendo el desprendimiento del pueblo mexicano.

Para estupor de algunos este espíritu solidario y cordial se apagó y se regresó a la rutinaria brusquedad, considerando esa acción generosa de septiembre una mera casualidad.

No hay tal, me parece que la explicación habría que buscarla en otro lado, y más bien me inclino a pensar que ante la urgencia de enfrentar las necesidades de la vida diaria, la gente y en particular los jóvenes, están ahora metidos en resolver los problemas de su vida cotidiana, pero que ya están listos para enfrentar los grandes retos de este país.


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