Los independientes y Peter

13 de octubre de 2017

El Principio de Peter, fue parte de una moda por allá en los setentas, que buscaba dar explicaciones racionales e imaginativas -más que científicas- a determinados fenómenos del sector productivo; el Principio de Peter planteaba que todos tenemos capacidades que valen la pena de desarrollar, para escalar a responsabilidades cada vez mayores en el trabajo, pero a la vez afirmaba que todo tiene un límite y el ser humano no es la excepción, de ahí que se debía cuidar no alcanzar el nivel de incompetencia que forzosamente todos tenemos; el ejemplo clásico es el del vendedor estrella en la agencia de autos, que a los años por fin logra alcanzar la gerencia y se vuelve un desastre: no sabe mandar gente, no sabe hacer equipo, es pésimo para la contabilidad y para la administración, el asunto es cómo diablos regresarlo a vendedor de piso. Acaban despidiéndolo después de arruinarle la vida, pues ya no quiere ser otra cosa que ejecutivo.

Me acabo de enterar que tres políticos independientes (Clouthier, Kumamoto y el bronco), han anunciado el próximo abandono de sus cargos de elección popular para presentarse como candidatos a otros cargos más altos; lo de menos es lo del chapulineo, lo trascendente es lo de las responsabilidades contraídas de forma pública durante sus respectivas campañas, así como su desempeño en el cargo durante el tiempo que llevan ostentándolo. Pero antes otra anécdota.

Edward Kennedy, el único sobreviviente de los malogrados hermanos, nunca se postuló para la presidencia y prácticamente toda su vida fue senador; dicen que el miedo no anda en burro, a lo mejor por eso, pero lo importante es que fue un excelente senador, tanto que se reeligió cuantas veces se postuló, que no fueron pocas y acabó haciéndole a su país un servicio mejor al que lograron sus hermanos, pues, ya lo sabemos, fueron asesinados muy jóvenes.

Regresemos a lo nuestro.

Del bronco no voy a hablar porque ni lo veo ni lo oigo, pero a Clouthier y Kumamoto sí les he seguido la huella, he de decir que con sus bemoles y todo (quién no los tiene), conmigo el balance de ambos es positivo y por lo mismo no me gustan ni tantito sus nuevas pretensiones, no me cuadra la justificación de que en el Senado se puede hacer más y mejores cosas, porque entonces es cuestión de tiempo para verlos pretender el papado o la ONU o algo así; claro, después de haberse desempeñado como presidentes de México, porque el problema es ese: dónde queda el límite. En ambos casos veo un razonablemente exitoso proceso de aprendizaje, una profesionalización política que urge en la cámara baja… sí, sí, también en la alta y en Los Pinos y en el gabinete… pero por algún lugar se debe empezar… y terminar. Preguntó a ambos ¿ya no tienen más que aportar en el Congreso? Por supuesto también, es obligado recordarles que lo mínimo a lo que están obligados (sí: obligados) es a someterse a la madre de todas las evaluaciones: la reelección. Ustedes se comprometieron con sus electores y son ellos quienes deben evaluarlos, lo contrario mueve a sospecha y ya para qué les digo el resto.

Se me están cayendo de la gracia. Ahora sí no van a dormir.


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