Imprimir Jorge Aragón | 8 de septiembre de 2017

Cuando Julio César decide desoír las advertencias del senado romano y cruza el Rubicón, para apropiarse del poder, la historia le atribuye la frase alea jacta est (la suerte está echada), desde entonces la expresión se usa para ilustrar el momento de no retorno en jugadas riesgosas, de esas de todo o nada. Sólo como dato cultural, más de un sicólogo afirmará, con algo de razón, que existen ahí elementos para sospechar una ludopatía.

Al igual que en los tiempos fundacionales del imperio romano, la decisión del PRI para el 2018 está tomada y de ninguna manera es seguro le salga bien; a diferencia de julio cesar, el PRI está en su peor momento y López Obrador en el mejor, la alianza PAN-PRD-MC es la peor alianza que podía darse para los intereses del PRI, coincido con José Antonio Crespo en la lectura de que esa unión provocará más restas que sumas de votos. A mí no me van a platicar, conozco muy bien el temperamento del militante perredista, más de una vez lo he visto votar a favor del PRI para contrarrestar al PAN; en una disyuntiva de voto útil el año que entra, los simpatizantes de mentalidad izquierdista van a votar por MORENA…o por satanás…antes que por un candidato del PAN o por cualquier fórmula donde tengan que ver los azules.

Se los firmo y se los cumplo, dijera el otro.

La estrategia del PRI no va por el mismo camino que la del estado de México, en esta última se fue por la pulverización del voto opositor y funcionó bien, o al menos eso nos han hecho creer; comienzo a creer sí fue una victoria pírrica, demasiado cara como para poder replicarla a nivel nacional, por lo tanto han optado por no repetirla y ahora van por dividirla en tercios el año que entra, es decir, el mismo escenario de las últimas dos elecciones donde poco, muy poco, le ha faltado al peje para alzarse con la victoria, cosa que sin duda hará dentro de poco menos de un año, con mayor razón si los otros actores insisten en obtener resultados distintos con las mismas estratagemas de siempre. Si estoy equivocado o no es otro asunto, la pregunta es pertinente, no me lo van a negar: ¿por qué están cambiando de estrategia?

En lo único que Peña se parece a Julio César, es en su ambición desmedida, esa que aspira a ganar todo sin dejar nada más para nadie, esa ambición que ciega a los que van a perder, la misma que los lleva a romper el saco por perder la noción de los límites y hace que sus autores acaben apuñalados por sus más cercanos.

Porque aquí me faltó enumerar lo que aún está por verse: la feria de las traiciones. “Mi legítimo esfuerzo por sobrevivir” dirán los que ya la andan pensando.