En lo que a mí respecta

22 de mayo de 2017

Lo de Javier fue una sacudida para muchos, entre los que me cuento… una sacudida más… como muchas otras. Ya se me pasará, como igual será para la mayoría; es un proceso con el que ya estoy familiarizado: ni la primera ni la última vez que ocurre.

Pero en esta ocasión sí quiero explayarme un poco, compartir con ustedes el cúmulo de últimas voluntades al que todos tenemos derecho, sin que implique ninguna obligación para nadie; es, de hecho, una súplica. Nada más.

Si me matan de uno o más balazos, o de la manera que sea, no organicen ninguna marcha ni protesta, no pierdan su tiempo en pendejadas que no sirven de nada, además yo ya voy a estar finado así que mi situación no podrá mejorar por más esfuerzos que ustedes hagan; porque si le mueven, la bola de pillos y/o güevones (ustedes saben a quienes me refiero) va a recurrir a lo de siempre: que el maripas era puñal, era muy viejero, era pedófilo, era testigo de Jehova y un domingo tocó donde no debía, consumía drogas, lavaba dinero, algo hizo porque el que nada debe nada teme, etc, etc, etc y más etc.

Mejor ahí les encargo a mis mujeres: a mi madre, que a sus casi ochenta años sigue trabajando como si tuviera veinte; ella no pedirá le regalen nada, basta con que le compren los disfraces para sus hijos o para ustedes cuando lo necesiten, su changarro es el Arca de Noé; les encargo mucho, también, a mi mujer, no sé si con mi muerte optará por mandar a la chingada este lugar, pero si no, con toda seguridad se pondrá al frente de El Miradero, consúmanle no sean cabrones, miren que su marido fue un mártir que dio la vida por ustedes, bola de ñengos que jamás han tenido maldita gracia, salvo para exigir siempre por lo que no tienen derecho.

De mis hijas qué les puedo decir. La verdad: nada. La mayor ya hizo su vida y me convirtió en abuelo, dejó de pertenecer a este suelo maldito y se avecindó en otra ciudad de otro estado, mi yerno es un buen hombre con una buena preparación y tengo la esperanza encuentre la forma de llevarse su familia a otro país.

Mi hija menor también migró a seguir sus estudios de ingeniería en otra parte, es inteligente, disciplinada y con mucha dedicación por el conocimiento, en ella tengo depositada la misma esperanza de que acabe por irse a otro país mejor que éste, tengo razones fundadas para ser optimista también sobre su futuro.

Quisiera decir que soy un caso curioso (alguien que funda su éxito en el autoexilio de sus hijos), pero tanto ustedes como yo sabemos no es así: en el fondo de nuestras almas ya aceptamos nuestra condición de rehenes.

Hasta aquí llegamos.


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