Imprimir Walterio Medina | 13 de Mayo de 2016

Nada extraordinario de nuevo en lo que fue el segundo debate de los aspirantes al gobierno de Sinaloa. Golpes a los punteros, sobre todo al priísta Quirino Ordaz, sin que Héctor Melesio Cuen y Martín Heredia hayan escapado de la estrategia del resto de los aspirantes a suceder a Mario López Valdez.

Intrascendente  detenernos a preguntar quién ganó el debate, porque no vimos nada que conmoviera al ciudadano común.

Quirino Ordaz jugó de nuevo con el librito sin atacar a nadie y sin caer en las provocaciones de nadie. Al mismo tiempo se vio frío y poco sensible.

Héctor Melesio Cuen criticó y fue criticado, en circunstancias a las que el exrector de la UAS está acostumbrado.

Martín Heredia  entendió la necesidad de cambiar de estrategia y pasó del discurso light a la crítica fuerte  sobre todo en contra de Quirino Ordaz, a quien llamó invariablemente ‘el candidato de Peña Nieto’ y a quien le cuestionó resultados de su paso por la administración pública.

En apego a su formación, más que a una estrategia electoral,  Mariano Gómez se mantuvo en la propuesta. Difícil predecir qué resultados obtendrá por ello.

Jesús Estrada Ferreiro fue el más crítico de todos y aunque atacó sin ton ni son, dudamos que ello le levante sus expectativas  en el resultado electoral.

Francisco Frías Castro atacó, cuestionó y propuso, pero no alcanzó el nivel que le avizoraron sus apologistas, como el gran triunfador de los debates.

Interesante lo que ocurrió con Ramona ‘Mony’ Rocha porque la señora siguió una estrategia que quizá le termine dando mejores resultados que al resto de los candidatos.

Leobardo Alcántara combinó la propuesta  y el ataque pero difícilmente logró que su participación en el debate obtuviera   resultados importantes para sus objetivos.

No serán entonces los debates un factor determinante de la coyuntura electoral.

Pensemos entonces que lo interesante de la coyuntura tiene que ver con  la medida en que el PRI mantenga su voto duro, su capacidad de organización electoral y minimice el daño que la imagen del Presidente Enrique Peña Nieto le ocasiona a sus candidatos.

El qué tanto creció el PAS en los últimos años a partir de la intensidad y vigor del trabajo de Héctor Melesio Cuen, de Angélica Díaz de Cuen, de Víctor Antonio Corrales Burgueño, de Robespierre Lizárraga, de Soila Camacho, entre muchos otros,  es otra pregunta interesante porque tendrá fuerte impacto en el resultado de la elección del próximo cinco de junio.

Si el PAN se equivocó en el 2010 con la postulación de Mario López Valdez, este 2016 se auto flageló de nuevo con una división interna en Sinaloa, donde el centralismo, a la usanza del viejo PRI, pasó por encima de la militancia blanquiazul.

Ello seguramente  le cobrará nueva factura.

Ya lo veremos.

Así están las cosas…